




Fersa Energías Renovables fue una de las primeras compañías independientes en cotizar en la bolsa española, y de las primeras en Europa dedicada exclusivamente al desarrollo de las energías limpias. Su objetivo es la generación de energía eléctrica empleando fuentes 100% renovables como el viento, el sol o la biomasa.


Además, demuestra que el estilo también se aplica a la solidaridad, ya que todos los beneficios de la venta de la fragancia irán destinados al Centro de Desarrollo Infantil Ana Rosa, creado por la periodista a través de la ONG Infancia Sin Fronteras.




La cena
Hace unos meses tuve una cena con antiguos compañeros del colegio. Hacía más de 10 años que no veía a la mayoría. Por tanto, explicar a qué nos dedicábamos, si teníamos pareja, hijos, etc, fue, podéis imaginar, el tema de conversación principal. Por lo menos al principio, cuando no puedes ni sabes hablar de otra cosa.
Y es curioso observar cómo ciertas profesiones provocan más interés que otras. La publicidad siempre resulta atractiva a los halagos, pero también a la crítica. Todavía no había acabado de repartir besos cuando escucho: “Es decir, amiga mía, que vendes humo.” Sonreí casi inocente. No imaginaba que ese comentario era en realidad el pistoletazo de salida a una noche en la que mi oficio sería uno de los principales temas de conversación.
Entre profesores, abogados, empresarios del textil, odontólogos e informáticos, la publicidad es la niña bonita. Interesa a todo el mundo, pero pocos la conocen bien. Tal vez ese sea el secreto de su éxito.
En cualquier caso, todo transcurría con normalidad. Los recuerdos de batallas, gamberradas y amores aliñaban una conversación en la que, curiosamente, seguíamos hablando de publicidad. Alguien no tardó en querer saber qué hago exactamente. Y aquí es cuando intuí que la charla no sería fácil. Puse todo mi empeño en explicarlo bien. Incluso eché mano a una lección que nunca me ha fallado: escríbelo como si se lo contaras a un niño de 5 años; “Un redactor piensa mucho rato. Después, coge todo lo que ha pensado y lo resume en una idea que llamamos concepto. Una vez tenemos el concepto, lo escribimos. Y ahí, más o menos, empieza a crearse el anuncio.” Pero fue como hablar al universo.
Decido ir al baño para ver si a mi vuelta la gente habla de, no sé, hijos, embarazos, cólicos y todos esos temas que hasta esta cena consideraba como una especie de muerte lenta. Pero no.
“Dinos qué anuncio tuyo hay en la tele”. Busco entre mi repertorio y escojo el último. El spot de una fragancia. Una de mis excompañeras, la más “avispada” ya en nuestra adolescencia, vuelve en esta ocasión a adelantarse al resto; “Pero en este anuncio que dices que has hecho…”, hace una pausa y me mira ladeando levemente la cabeza con una expresión de escepticismo inocente; “… nadie dice nada…”.
Nadie-dice-nada.
“…Una observación interesante... (aquí recuerdo, un poco tarde, que nunca fuimos amigas)… Pues sí, fíjate, fíjate, si yo te contara… Por lo menos escribí 10 guiones entre “esta historia, sí… esta, no”, “dale una vuelta”, “necesitamos más seducción”, “pero vamos a ver, ¿él qué lleva puesto?”, “¿¡pero a quién seduce!?”, … (¿porqué tengo la absurda sensación de volver a tener 15 años?) Porque, ¿sabes? Es una historia de seducción, … cámara subjetiva, … clímax, … final abierto, …”. Bufff…
Cómo explicarle que, a veces, el reto es transmitir sensaciones, llegar al corazón, contar historias, sin necesidad de pronunciar una sola palabra.
Gracias a historias mitad verdad, mitad ficción como la que acabo de describir, he aprendido a no hablar de mi trabajo en mis horas libres. Después de todo, no necesito ni me llena explicar lo que hago, sino hacer lo que hago. Por eso desde entonces, como dice Sabina, cada vez que me hablan de publicidad, cambio de conversación.
Lorena Delgado Diez
Redactora de PARADIGMA FCM